Cuando pensamos que todo podía terminar
A finales de 2024 ocurrió algo que nunca habíamos previsto.
Después de años construyendo experiencias, recopilando historias y preparando materiales para compartirlos con el mundo, llegó una sensación inesperada: el miedo.
El entorno de aprendizaje estaba cambiando rápidamente.
La inteligencia artificial irrumpía en la educación, en el trabajo, en la producción de contenidos y en la vida cotidiana.
La abuela observaba cómo muchas de las formas tradicionales de aprender y enseñar parecían transformarse a una velocidad difícil de comprender.
Algunos de los nietos y sobrinos ya vivían en otros países.
Otros habían tomado caminos distintos.
Las dinámicas familiares ya no eran las mismas de los primeros años.
Aquellos espacios cotidianos donde antes se aprendía juntos parecían más dispersos.
Entonces surgieron preguntas difíciles.
¿Siguen siendo útiles nuestras metodologías?
¿Tiene sentido continuar?
¿Las nuevas tecnologías terminarán reemplazando la experiencia humana?
¿Estamos llegando al final de una etapa?
Aunque la página web había sido creada y existían numerosos materiales listos para publicarse, decidimos detenernos.
No fue una pausa causada por la falta de trabajo.
Fue una pausa provocada por la necesidad de comprender el mundo que estaba emergiendo.
Durante ese tiempo reflexionamos profundamente sobre el sentido de nuestro proyecto.
Comprendimos que la verdadera pregunta no era si debíamos aceptar o rechazar la tecnología.
Ese proceso no eliminó todas las dudas.
Pero abrió la puerta para iniciar una nueva búsqueda.
Una búsqueda que nos llevaría mucho más lejos de lo que imaginábamos.